Donald Trump vuelve a poner bajo presión a la OTAN. El problema ya no es solo retórico: la relación entre Estados Unidos y sus aliados europeos atraviesa una fase de desconfianza, marcada por amenazas, exigencias de gasto y posibles retiros de tropas.
El punto más sensible es Alemania. Washington anunció planes para retirar unos 5.000 soldados estadounidenses del país, en medio de tensiones con Berlín y críticas de Trump a los socios europeos por no asumir más costos de defensa.
La presión también se traduce en dinero. En la cumbre de La Haya, los aliados acordaron elevar progresivamente el gasto en defensa hasta el 5% del PBI para 2035, incluyendo inversión militar directa e infraestructura de seguridad.
El riesgo para Europa es estratégico. Si Estados Unidos reduce su presencia, la OTAN no desaparece de inmediato, pero pierde parte de su capacidad disuasiva frente a Rusia. Por eso, varios gobiernos europeos ya discuten más autonomía militar, más industria de defensa y una seguridad menos dependiente de Washington.


