Rusia enfrenta un nuevo golpe estratégico en el Sahel. En Mali, fuerzas rebeldes y grupos insurgentes han presionado a las tropas del gobierno militar, apoyadas por el Africa Corps, estructura heredera del grupo Wagner. El foco del revés está en Kidal, una zona clave del norte del país.
Según reportes internacionales, combatientes separatistas habrían tomado posiciones relevantes mientras las fuerzas malienses y rusas se replegaban. Moscú, sin embargo, presentó los ataques como un intento de golpe fallido y aseguró que sus fuerzas ayudaron a contener la ofensiva. La situación, por ahora, sigue marcada por versiones cruzadas.
El elemento más sensible es la posible huella de Ucrania. Desde 2024, Mali y sus aliados han acusado a Kiev de apoyar a rebeldes tuareg contra Wagner. Ucrania ha negado entregar drones, aunque medios internacionales han reportado entrenamiento, tácticas o inspiración ucraniana en el uso de tecnología militar.
El episodio confirma que la guerra entre Rusia y Ucrania ya no se juega solo en Europa. En África, Moscú busca reemplazar la influencia francesa y sostener gobiernos aliados; pero el Sahel se ha convertido en un terreno cada vez más costoso, inestable y difícil de controlar.


