Me da esperanza, me contenta, me emociona esta Generación del Bicentenario, no por su último logro, de la obligada renuncia de Merino a la Presidencia sino por todas sus reivindicaciones y luchas de los últimos años. No es una generación ideologizada porque hay críticos de derechas y de izquierdas, es una generación desencantada de la clase política del país. Es injusto querer arrinconarla como una generación individualista cuando son los que más han defendido el interés común sin apasionamiento ideológico. Es una generación de visión y mente amplia, aquella que le da el mundo globalizado y de tener el mundo con un celular en sus manos.
Hace tiempo frenaron una ley de empleo juvenil anti laboral y les pusieron el apelativo denigrante de “pulpines”; hace años salen a reivindicar igualdad y no discriminación por razón de raza, sexo, cultura; hace algunos años han sumado a su lucha la no violencia contra la mujer; hace años salen a luchar contra la corrupción de toda laya y defensa de la democracia. Hace años son la contención social y política de todo fundamentalismo de izquierda, derecha o del fujimorismo. Y curiosamente en estos años han sido el motor que arrincona a los políticos del gobierno, del Congreso o incluso de la oposición, estuvieron en la renuncia de PPK y la asunción de Vizcarra, en la “reforma política” vía referéndum, en la disolución del Parlamento y elección del actual, en la vacancia de Vizcarra, renuncia de Merino y asunción de Sagasti. Es una generación que ha luchado y vivido tantos avatares políticos como los iniciales de nuestra independencia y nacimiento como república. Es una generación que ha puesto en jaque a la representación política, y lo ha hecho defendiendo y fortaleciendo nuestra democracia.
Esta Generación del Bicentenario, me recuerda a la “Generación del Milenio”, que también tuvo una lucha larga y generosa, esa generación triunfó 20 años atrás, ante la dictadura fujimorista y nos permitió una recuperación de la democracia. Fue una lucha ciudadana más que partidaria que derrocó a la dictadura y entregó el gobierno a la clase política. Lamentablemente se desentendió los años siguientes de su lucha y la clase política ya gobernante se desentendió de su origen ciudadano. La consecuencia directa es que, dos décadas después, ese régimen político evidencia una crisis de representación y de legitimidad.
Ambas generaciones, del Bicentenario y del Milenio tienen como antecedente, otros 20 años atrás, a la “Generación Política de los 70” que con su enorme movilización social derrotó a la dictadura militar, impulsó la Asamblea Constituyente del 78 y el retorno a la democracia el 80. Fue una generación muy ideologizada, con partidos tradicionales que, desde su trinchera, izquierda o derecha, aportaron a la “transición democrática” de una dictadura militar a una democracia. Esa “Generación Política de los 70” con su antecesora y el aporte del gobierno de Velasco gestaron el ocaso del excluyente y etnocéntrico régimen de la oligarquía y consagraron su aporte en la Constitución de 1979. Lo que conquistó la Generación Política de los 70, lo recuperó la Generación del Milenio el 2000 y hoy la defiende, fortalece y procura su mejora la Generación del Bicentenario.
La “Generación Política de los 70” esta directamente vinculada, otros 20 años atrás, con la “Generación del Manguerazo”, aquella a través del Frente Nacional de Juventudes Democráticas, integrada principalmente por universitarios y liderada por Fernando Belaunde, luchó contra la dictadura militar de Odría y la convivencia del APRA con Prado. Esta generación también recuperó la democracia de una dictadura militar y generó nuevos partidos políticos como Acción Popular, la Democracia Cristiana y posteriormente al PPC, al APRA rebelde (origen del MIR) y al social progresismo. Esta “Generación del Manguerazo” abrió el abanico ideológico y político del Perú, lo hizo plural, variopinto y segmentado. La fragmentación partidaria y la idea del partido propio, que hasta hoy padecemos, tiene su fermento también en estas épocas.
A la Generación del Manguerazo, poco más de 20 años atrás, le antecedió la “Generación del Año de la Barbarie”, aquella que estuvo presente en la lucha contra la dictadura de Leguía, el levantamiento en Arequipa de Sánchez Cerro y su posterior elección como presidente, luego en su lucha contra el mismo Sánchez Cerro y el levantamiento aprista de Trujillo. Larga lucha y muchos muertos que fortalecieron al APRA, dieron origen al socialismo y comunismo en el Perú. Nuestro régimen político actual, en gran parte, tiene sus orígenes, casi cien años atrás: el APRA, la izquierda socialista y comunista y el pensamiento conservador. Es la generación de nuestros grandes ideólogos del Perú: José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la torre y en menor medida Víctor Andrés Belaunde y José de la Riva Agüero. Es la generación que dio fin al elitista y nada representativo régimen de la “Republica Aristocrática”.
Nuestros centenarios vivieron los años de la Generación del año de la Barbarie, nuestros ochenteros adultos mayores fueron los protagonistas de la Generación del Manguerazo, nuestros adultos que frisan los sesentas estuvieron en la lucha de la Generación Política de los 70, nuestros cuarentones o Adultos jóvenes fueron los responsables de la recuperación ciudadana de la democracia de los 80. Todas estas generaciones lucharon contra dictaduras y dieron fin a regímenes políticos elitistas y excluyentes para recuperar y construir la democracia en el Perú. La Generación del Bicentenario, en su lucha democrática, está demostrando que no lo hace contra una dictadura sino contra los múltiples problemas que aquejan a nuestro país y contra la clase política que no los representa y agudiza dichos problemas.
Este recuento generacional tiene por cuatro motivos: i) no olvidarnos de anteriores luchas democráticas también teñidas en sangre; ii) evitar complejos fundacionales de un nuevo mundo puesto que hay muchos héroes ciudadanos y políticos no reconocidos en la construcción de nuestra democracia; iii) evitar excluir a luchadores esporádicos en la recuperación democrática y sentirse dueños de la lucha y del logro por el solo hecho de ser etariamente miembro de la generación con nula y/o poca participación en la lucha misma; y iv) construir ciudadanía que no espere otros 20 años, para tener una nueva generación que ponga al Perú por delante de los intereses individuales.
La “Generación del año de la Barbarie” nos dio la Constitución de 1933; la “Generación Política de los 70” tomando la lucha de la del “Manguerazo”, 35 años después, nos dio la constitución de 1979. Esta “Generación del Bicentenario” tomando la lucha de la del “Milenio” quizás, tres décadas después, este sentando las bases de un nuevo régimen político social y una nueva constitución que nos permita construir una mejor democracia y un mejor Perú. En búsqueda de democracia, este dando muerte al régimen de la Cleptopartidocracia que se enquistó en el gobierno.
Esta esperanzadora Generación del Bicentenario será la responsable de tener una mejor democracia y un mejor Perú. Viene luchando hace años y seguramente seguirá luchando otros años más, no tengo dudas que engendrará un nuevo régimen político para el país. Seguro ocurrirá cuando tome la decisión de asumir ser gobierno y desterrar a la clase política actual que no los representa. Llegará, tarde o temprano, cuando esta Generación decida gobernarnos sin ceder su representación a la clase política tradicional; será, sin duda, más democrática, universal, inclusiva y transversal como lo es hoy en sus luchas, en las calles y en las redes, a nivel nacional. Eso y más merece nuestro Perú, pondremos el hombro para que más pronto así sea. Y su grito, nuestro grito, al unísono sea “Perú te quiero, por eso te defiendo”.


