
Recientes estudios en Estados Unidos han arrojado reveladores resultados en autopsias a fallecidos por Covid-19, y ofrecen nuevos detalles sobre el motivo por el que tantos pacientes sucumben súbitamente a la enfermedad tras una agresiva segunda fase. La clave, según las publicaciones, podría estar en las células del endotelio, tejido que rodea los vasos sanguíneos del organismo.
El tan temido SARS-CoV-2 ataca a estas células, particularmente las de los pulmones, y provoca escapes en los vasos sanguíneos y coágulos. Así genera una reacción en cadena que provoca inflamaciones generalizadas de los órganos y el síndrome de dificultad respiratoria aguda, causa principal de la muerte por Covid-19.
Por este motivo, pacientes con obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares se habrían mostrado mucho más propensos a complicaciones o fallecimientos a causa de la Covid-19, pues sus vasos sanguíneos ya estaban dañados.
Tal y como explica un artículo publicado en la reconocida revista Science, los investigadores se encaminan a pensar que el SARS-CoV-2 emplea al sistema inmune, alterándolo y haciendo que la respuesta de nuestro propio organismo acabe siendo letal.

Las células del endotelio responden a los ataques y alertan al organismo para que envíe plaquetas y células inmunitarias con el objetivo de reparar las fugas. El resultado es un atasco en los vasos sanguíneos pulmonares, que lleva a la formación de coágulos que acaban extendiéndose por el cuerpo y bloqueando la entrada de sangre a los órganos vitales.

La fase final de esa reacción es la tormenta de citoquinas, un ejército de células y moléculas enviadas por el organismo para luchar contra los invasores, que acaba llevando a una inflamación generalizada.
Posible tratamiento con anticoagulantes
Corroborando esta hipótesis, la Covid-19 parece afectar de manera particularmente severa a los vasos sanguíneos en comparación con otras enfermedades respiratorias. Los pulmones de las víctimas mortales del nuevo coronavirus tienen hasta nueve veces más coágulos que los de los fallecidos por la gripe A en los años 2009-2010, tal y como concluyó un artículo publicado el 21 de mayo en la revista The New England Journal of Medicine.

La presencia de trombos e ictus en pacientes jóvenes, ya recuperados de la Covid-19, ha sido ampliamente registrada en numerosos países del planeta, como una muestra más de la afectación de esta enfermedad a las células de la sangre.
Las buenas noticias que traería la confirmación de esta hipótesis son la existencia de medicamentos elaborados para frenar este proceso, que podrían reducir el impacto de una segunda fase mortal de la enfermedad.
Por el momento, se están realizando decenas de ensayos clínicos con anticoagulantes y antiinflamatorios que podrían ser una alternativa de tratamiento efectivo a la espera de la ansiada llegada de la vacuna.

